El síndrome del tibial posterior

En la vida deportiva de cualquier corredor existen muchas posibilidades de que alguna vez aparezcan ligeros calambres en las piernas, generalmente en su tercio inferior (rodillas, tibia, tobillo). Si no es el caso, puede que algún conocido no haya tenido tanta suerte.  Estos típicos “calambres” en las piernas es un término muy genérico para varias lesiones de la zona, incluyendo fracturas de estrés de la tibia, el síndrome compartimental, y lesiones de una gravedad mayor. En este post vamos a analizar la forma más común de experimentar estas molestias en la zona de la tibia, y que recibe el nombre de Síndrome de estrés del tibial posterior.

¿Qué es el síndrome de estrés del tibial posterior?
Una inflamación del tibial posterior, un músculo que se encuentra en la parte posterior de la tibia, y que se traduce en un dolor a lo largo de la cara medial de la pierna, o lo que es lo mismo, una molestia en la zona interna de la tibia. El dolor suele ser más intenso por la mañana después de despertar o durante el comienzo y el transcurso de una carrera. Existen casos en los que la presión en la zona afectada también se traduce en un aumento del dolor.


¿Cómo puedo desarrollarlo?
Un gran número de factores pueden conducir a la aparición de este síndrome. Muchos principiantes desarrollan calambres en las piernas debido a la falta de aclimatación muscular a todo el estrés que genera el impacto repetitivo en superficies duras. Corredores avanzados que aumentan el kilometraje o la intensidad demasiado rápido también corren grave peligro de padecerlo. La pronación excesiva es otra de las causas más comunes al desarrollo de inflamaciones en la zona del tibial posterior, puesto que dicha zona tiene que trabajar más de la cuenta para ralentizar el movimiento de pronación.

¿Debería dejar de correr?
En general, la recomendación más común es dejar de correr o disminuir el kilometraje para que ese pequeño reposo haga que la inflamación baje. Si se opta por seguir corriendo, es muy importante que se haga con cuidado, que se evite el impacto en superficies duras como el asfalto, que no se realicen series en cuestas o bajadas y que a lo largo del día se aplique pomada antiinflamatoria en la zona tres veces al día. El uso de pantorrilleras de compresión también puede aliviar esa tensión al proteger a los músculos de la oscilación muscular que genera la carrera. Para los corredores avanzados que experimenten un suave dolor en la zona a principio de temporada es importante que ajusten correctamente el kilometraje para que el cuerpo se adapte a ese tipo de presiones de una manera lo más gradual posible. Sin embargo, si el problema persiste, es mejor reposar y permitir que la inflamación desaparezca.

¿Cómo es el tratamiento?
Para un tratamiento sin necesidad de acudir a un especialista se puede comenzar por la aplicación de hielo en el área afectada durante 10-15 minutos varias veces al día. Para hacer un poco más fácil la recuperación de la zona es muy recomendable mantener la pierna en alto para facilitar la circulación sanguínea, además de complementarlo con el consejo anteriormente mencionado relativo a la aplicación de pomada antiinflamatoria tres veces al día con un masaje muy gradual en la zona afectada.

La inflamación en el tibial posterior también puede ser tratada con el estiramiento de los músculos del tercio inferior de la pierna para mantenerlos flexibles y sin sobrecargas en todo momento.

También existen algunos ejercicios que se pueden practicar para fortalecer los músculos que rodean la tibia. Desde una posición sentada, hay que intentar trazar el alfabeto con el dedo gordo del pie. Otro mecanismo es sostener con la planta del pie una banda elástica de resistencia que, tirando con las manos de los extremos de dicha banda y con una tensión no muy excesiva obligaremos al pie a flexionarse dorsalmente, fortaleciendo todos los músculos participantes en esa flexión y mejorando la elasticidad y la flexibilidad del gemelo.


¿Cómo puedo evitar que suceda otra vez?
– Es esencial mantener un entrenamiento constante. Evitar picos repentinos tanto el kilometraje como en la intensidad. Si nuestro plan de entrenamiento nos marca un aumento en el número de  kilómetros es imprescindible que la variación no sea de más de un 10% semanal.
– Desarrollar un grado de flexibilidad adecuado mediante una buena rutina de estiramiento. Estirar es una parte igual de importante que la carrera, por lo que es necesario que el tiempo se reparta entre las dos acciones, prestando especial atención a la fase de estiramiento de después de la carrera.
– Si tienes un exceso de pronación (para llegar a esa conclusión es necesario un correcto estudio de la pisada que te indique el grado de esa sobrepronación, si existiera) es necesario utilizar el calzado con ese grado de corrección para mantener la pierna totalmente alineada eliminando así el exceso de tensión y de presión que soporta tanto la musculatura como las articulaciones cuando trabajan desalineadas. Una vez averiguado el calzado adecuado es importante reemplazar el mismo a medida que vaya perdiendo sus propiedades de corrección y de amortiguación, ya que si tu zapatilla está gastada es muy probable que te aparezcan muchos problemas.

 

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