Runnorexia, cuando salir a correr se convierte en adicción

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Cuando algo nuevo se instala tiende a generar una reacción en cadena en los ámbitos en los que se establece. Internet ha condicionado la manera de acceder al conocimiento. Los teléfonos móviles han modificado las relaciones interpersonales. Y más atrás, los automóviles cambiaron la manera de desplazarnos. Hoy, uno de los cambios que más ha trastocado el estilo de vida de mucha gente es el deporte. Y en particular, uno por encima de todos: el running.

Aunque en principio todos podamos pensar que es una práctica saludable y que aporta muchos beneficios a corto y largo plazo, llevado al extremo puede ser tan perjudicial como cualquier tipo de adicción. En España, el boom de los gimnasios también trajo consigo algún problema relacionado con el excesivo cuidado del cuerpo, conocido como vigorexia. La OMS reconoce en nuestro país alrededor de 70.000 casos de personas que padecen esta enfermedad de adicción al deporte. La nueva adicción al running ya ha sido bautizada y recibe el nombre de runnorexia. Y es que al igual que en cualquier tipo de “enganche” únicamente el 1% de los adictos a correr afirman y reconocen su problema. Y subiendo…

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Todos tenemos en nuestro círculo cercano a alguien que siente pasión por correr. El estado de ánimo que genera, la facilidad que tiene de practicarse, la motivación que ofrece superarte en cada entrenamiento o el encontrarte bien contigo mismo son factores que han hecho que el running se haya instalado con fuerza. Dentro de esos acérrimos del running existe un grupo más propenso a caer en la runnorexia: personas que rondan los 40 años con profesiones de mucha presión, con tendencia a la baja estima y sin una afición fuerte por ninguna cosa y que buscan en sus entrenamientos y carreras una vía de escape a la rutina diaria. Una de las señales inequívocas que pueden ponernos en aviso ante un caso de adicción son las horas de entrenamiento. Por norme general se suele llamar actividad moderada a una práctica semanal de entre 3-4 horas semanales si no hay ninguna carrera que requiera una preparación mayor. Salir un par de días entre semana a correr 10 kilómetros y una tirada más larga el fin de semana es lo más habitual entre todos los corredores que nos visitan. Todo lo que sea superar los 50 kilómetros ya estaría fuera de lo común y habría que analizar con más detalle para cerciorarnos que no hay otros indicios que se añadan a un caso de runnorexia. El caso de un cliente destaca por encima de todos. Como con cualquier otra droga necesitaba su dosis de kilómetros diarios. Corría alrededor de 20 kilómetros 6 días por semana, llegando en algunos casos a doblar sesión de mañana y tarde, dando un resultado aproximado de 20 kilómetros por semana. Otro de los indicativos más claros es la obsesión con el tiempo empleado en recorrer una distancia, ligados a casos de frustración o de sobre-entrenamiento. Y otros más llamativos y particulares podrían ser la transformación que sufre la personalidad del afectado al ponerse las zapatillas (afán competitivo, malos modales), anteponer carreras a eventos familiares o de amigos, gran inversión económica en fisioterapeutas o especialistas para cuidar el estado físico o un cuidado muy detallado por las calorías y los alimentos consumidos, principalmente relacionados con evitar las grasas y realizar más hincapié en las proteínas y los carbohidratos. Todos estos síntomas, unidos o individualmente, son claras señales de que podemos estar hasta un posible caso de runnorexia, principalmente si se prolongan en el tiempo o se acrecienta la intensidad de alguno de ellos.Vigorexia-obsesion-por-correr

Una pregunta destaca por encima de todas, ¿qué causa la runnorexia? La adicción a correr es explicada fácilmente mediante una serie de procesos que se producen en nuestro cuerpo con la práctica de cualquier actividad deportiva. El cuerpo genera endorfinas que estimulan nuestro cerebro y a la hora de correr el hecho de trabajar la resistencia y la superación genera unas expectativas de placer y reafirmación que nos engancha desde el punto de vista mental y físico. El tener esas endorfinas tan accesibles, sin depender de nadie y generadas en poco tiempo es lo que hace que ese placer que se genera pueda acabar originando un caso de adicción peligrosa. Y es ahí cuando la pérdida del control sobre uno mismo origina consecuencias en muchos ámbitos de nuestra vida. El aspecto que se daña con mayor facilidad es el físico. Exceso de entrenamiento, tiradas con más kilómetros que los planificados, carreras con climatología adversa que pueden originar enfermedades, resfriados, lipotimias y grandes descensos de nuestro sistema inmunológico aumentan el riesgo de sufrir determinadas lesiones que en muchos casos pueden llegar a ser para toda la vida. En el aspecto emocional una persona runnoréxica puede aparecer ligada a la frustración y la obsesión con mucha facilidad. Alteraciones en nuestro estado de ánimo y depresiones pueden aparecer por no terminar una carrera o no completarla dentro de un tiempo establecido, condicionando de sobremanera las relaciones personales de esa persona en un margen de tiempo determinado. Por último, las consecuencias sociales y profesionales pueden derivar un aislamiento de su círculo cercano por la obsesión al entrenamiento y descuidar el bienestar de la familia o incumplir las obligaciones profesionales por falta de tiempo han originado en muchos de estos casos divorcios o despidos.

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La manera en la que se puede ayudar a solucionar estos casos de runnorexia varían en función del grado de adicción. En muchos de ellos es imprescindible la colaboración de un psicólogo deportivo que le haga ver al paciente la importancia del descanso para que nuestro cuerpo no se degenere rápidamente. También es importante crear unas nuevas actividades de interés a compatibilizar con el entrenamiento, disminuyendo la obsesión por la carrera y diversificando el tiempo dedicado a cada una de ellas. Y una de las más importantes es algo en lo que los especialistas en running hacemos mucho hincapié con cada persona que nos pide consejo: para mejorar son más útiles los entrenamientos de calidad contra los de cantidad. El exceso de entrenamiento hace que nuestro cuerpo no pueda asumir esa carga y se estanca. Variar los entrenamientos, descansar unas horas diarias prudenciales y sentido común es la mejor receta para que nuestros objetivos se vayan cumpliendo y que cada día que entrenemos disfrutemos del placer de llevar una vida activa y saludable.

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